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Factores que debemos tomar en cuenta antes de realizar un Tx Shock con Efecto Lifting

E.C.C. Minerva Dávila Santos

Directora de Lumine Skin

Hablar de un tema tan extenso como el envejecimiento y las alteraciones que este representa —no solo para con la piel sino para el estado de ánimo y de la salud en general—, hace de vital importancia que, como profesionales de la estética, exista un fuerte compromiso a la hora de capacitarnos, y así poder recomendar y realizar un tratamiento «shock con efecto lifting» personalizado.

Hay que tomar en cuenta que, además de la edad, la genética, el género (si se es mujer, las características de la piel varían al ser notablemente más delgada que la piel del hombre, por lo que será más marcado el deterioro que pudiera presentar), la alimentación, la exposición solar, el medio ambiente en donde se radica, la condición física —llámese: tener buena salud—, la ingesta suficiente de líquidos, un posible consumo de medicamentos o de alteraciones hormonales, existe un factor muy importante, y que pocas veces consideramos, cuando alguien llega a nuestro espacio en busca de una solución a uno de sus mayores miedos, como lo es el envejecimiento: las emociones… No se trata de ser fatalistas, pero es una realidad que a la mayoría nos importa no solo sentirnos bien, sino además vernos bien.

Es por esto que, si queremos tener mejores resultados a la hora de aplicar un Tx shock con efecto lifting o Push Up, se necesita preparar a la piel y, por qué no, si nos es posible, influir positivamente en la mente de nuestro cliente.

A nivel físico, sabemos que la radiación solar es causante del envejecimiento de la piel hasta en un 90 %, debido a los efectos de la radiación ultravioleta que causan deshidratación profunda, y que se traduce en el rompimiento de las fibras de sostén de la piel (colágeno, elastina y reticulina), pues al perder elasticidad por la falta de humedad, se resecan y literalmente se rompen, provocando flacidez.

El 10 % restante de las causas del envejecimiento se deben a factores, como la alimentación, la polución, malos hábitos —como el fumar—, así como a posibles deficiencias en nuestro organismo, debidas a las bajas hormonales o a la toma de medicamentos.

Cuando nuestra piel comienza a envejecer sufre muchos cambios, entre ellos: La deshidratación profunda, que hace que el aspecto de la piel sea áspero y tenga una mayor descamación. Gracias a la irrigación sanguínea es que podemos lograr la correcta hidratación, oxigenación y nutrición de los tejidos, y al no haber una buena circulación, el aporte de agua, oxígeno y nutrientes, disminuye, haciendo que se pierda la unión de los corneocitos, situación que acelera la descamación de la piel.

La dermis se adelgaza y la epidermis se engrosa. La hiperqueratosis es más notable ya que puede acentuarse hasta en un 50 %; el metabolismo disminuye su función, por lo que la piel deja de regenerarse con la misma velocidad que lo hacía antes, y sus células ya no se reproducen de igual manera.

La luminosidad de la piel va disminuyendo, opacándose y desvitalizándose, una vez más por la falta de oxigenación; y su turgencia se va perdiendo por el esclerosamiento de las fibras reticulares o de sostén, causando una ptosis o caída, debido al desprendimiento de la piel del músculo por la fuerza de gravedad.

Las arrugas se hacen más profundas por la degradación de fibras de colágeno; la piel pierde densidad por la disminución del tejido adiposo, dando lugar a los pliegues localizados en las zonas nasogenianas, líneas frontales, piramidales, orbiculares, etc.

Al disminuir el volumen cutáneo vamos perdiendo el aspecto de lozanía y juventud; cuando vemos un bebé podemos notar sus mejillas rellenitas, y en cambio una persona adulta mayor tendrá sus mejillas quizás un poco más delgadas, retraídas o incluso pegadas al hueso, porque al disminuir el tejido graso se adelgaza la epidermis y también la dermis.

Otra de las alteraciones más comunes en una piel envejecida es la irregularidad en su tono; aparecen las hipercromías, llamadas pecas seniles, que se distinguen de las efélides, por ser más oscuras, de un tono café o amarillo fuerte, y esto se debe a que el número de melanocitos se reduce y la distribución de melanina ya no se hace de forma pareja, sino desorganizada en las diferentes capas de la epidermis, generando un exceso de melanina en ciertas zonas y de ausencia en otras.

La irrigación sanguínea juega quizás el papel más determinante; ya hemos visto que influye en cada alteración, pero así mismo lo hace en la producción de secreciones, como el sudor o el sebo, haciendo que aumente su producción o que disminuya. Es causa de alteraciones vasculares, reduciendo la temperatura de la piel.

Ahora que ya hemos visto la mayoría de los cambios que manifiesta una piel envejecida y con flacidez, podemos hablar de los pasos a seguir para prepararla antes de aplicarle un tratamiento shock con efecto lifting.

Lo primero es hacer una limpieza facial con hidratación profunda; sin embargo, este paso puede variar porque depende de las características presentes en la piel que vayamos a tratar, puesto que, en el caso de haber hiperqueratosis, por ejemplo, se valorará el uso de algún peeling para la remoción del exceso de células muertas, lo que favorecerá la extracción de impurezas y, por consiguiente, la receptividad de la piel a los demás ingredientes activos que hemos de aplicar. Así, desde el comienzo, trabajaremos para
estimular la descamación y renovación celular de la piel.

Siempre, la hidratación a profundidad tendrá un papel fundamental, vía tópica o en la ingesta diaria, para una correcta nutrición y oxigenación a nivel tisular.

La nutrición vía tópica a través de ingredientes activos que estimulen la síntesis de las principales proteínas de la piel —como las vitaminas A, E y C, aminoácidos y minerales—, ayudarán a activar las funciones metabólicas y antioxidantes, que estimularán, a su vez, una mejor y más rápida regeneración de la piel.

Y la nutrición por vía oral, mejorando la propia alimentación al consumir más frutas y verduras, ricas en vitaminas A, B, B1, B2, B3, C, E, magnesio, manganeso, fósforo, potasio, selenio, cobre, zinc, silicio, betacarotenos (provitamina A), aminoácidos como la L-cisteína, cistina, extractos vegetales como la centella asiática, el ginkgo biloba, bioflavonoides, etc.; y es que, sin esto, nuestro cuerpo no puede protegerse contra el daño indeseable de los radicales. Todo ello aporta la nutrición y la fuerza necesarias a la piel, para regenerarse y someterse a tratamientos que, en su mayoría, al ser shock, contienen una mayor concentración de ingredientes activos, y que, si bien son eficaces, pueden contener además algunos tipos de queratolíticos, como los alfahidroxiácidos (AHAs), retinol o diferentes formas de vitamina A, diferentes toxinas o sustancias que pueden ser citotóxicas y que, algunas veces, las pieles envejecidas, por su condición más vulnerable, podrían tener alguna reacción no deseada.

A nivel físico estas son las indicaciones más generales para poder preparar la piel y dejarla en condiciones óptimas para recibir cualquier tratamiento con efecto lifting, como los de vía tópica que hacen uso de aparatología de vanguardia: ultrasonidos focalizados, HIFU, radiofrecuencia, ozonoterapia, corrientes como la capacitiva, sesiones de dermapen, o corrientes básicas como la galvánica y la electroestimulación, etc. Por fortuna, en nuestro medio existen cientos de alternativas que ofrecen los mejores resultados; sin embargo, la realidad es que, antes de aplicar cualquiera de estos tratamientos de forma manual o con aparatología, debemos hacer un correcto diagnóstico de la piel y prepararla, porque de esto dependerá que el resultado no sea solo bueno, sino sorprendente.

Y para finalizar, quiero hablar un poco de la importancia del soporte a nivel emocional: Hemos oído que toda enfermedad primero se desarrolla en la mente y después se somatiza, y aunque, en efecto, no es un área que nos compete, al llevar nuestra profesión a la práctica podríamos desarrollar más nuestra capacidad de escuchar; la mayoría de nosotras sabemos que el cliente viene por mejorar su apariencia, pero el trasfondo es sentirse mejor consigo mismo; así, el factor emocional es casi o igual de importante que los factores de cambio que mencioné anteriormente, y que son los que propician el envejecimiento. Hagamos que no solo nuestras manos, y lo que hemos aprendido, trabajen por brindar resultados de calidad; abramos nuestros sentidos a quien deposita su confianza en nosotras. Ser profesionales y objetivas no significa que no podamos ser también «ojos» para observar más allá de la piel que estamos a punto de tratar y «oídos» para escuchar sus necesidades reales. Cada parte de la piel de nuestros pacientes es un libro abierto, que podrá ser leído por quien sea capaz de poner sus sentidos y el corazón en lo que hace.

¡No existe nada que tenga un efecto más shock o inmediato, y de acción lifting en nuestros clientes, que un cambio en nuestra mentalidad y actitud de servicio!